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Me gusta pasear por las venerables calles del Casco Histórico en busca de rincones con encanto, edificios con historia y lugares con recuerdos de mi infancia y juventud. El otro día me detuve a mirar en la Plaza San Felipe, la escultura del joven, que sentado en el suelo, mira hacia el lugar que ocupó la Torre Nueva y pensé que ese joven podía representar a cualquier vecino del Casco Histórico que espera sentado como nunca llegan las mejoras a su barrio. Que mira al vacío de lo no realizado, de lo inexistente, de lo que fue y no volverá a ser, por eso es momento de exigir al Gobierno Municipal que reactive el Plan Integral del Casco Histórico por que es la hora del Casco Histórico.

 

Desde hace cuatro años, el Casco ha visto como se reducían de manera alarmante, las partidas presupuestarias destinadas a su rehabilitación y a la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes. Es necesario terminar la ciudad histórica y convertir las zonas más degradadas de este distrito en lugares dignos donde vivir con la misma calidad en servicios públicos que el resto de la ciudad.