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La verdad que nunca había dado de comer a un águila y desde luego es asombrosa la nobleza de estas rapaces y sentir con la suavidad que posan sus garras sobre el guante. No me estraña que el arte de la cetrería, antes solo en manos de los nobles, tenga cada día más aficionados. Quiero felicitar a la organización del Mercado Medieval por su magnífica ambientación y por la calidad de sus puestos, al año que viene más y mejor.