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La gestión del Plan Integral del Casco Histórico (PICH) realizada por el anterior Gobierno Municipal ha supuesto un parón, de efectos nefastos para un barrio que necesita una inversión constante y progresiva. Durante estos cuatro años se han reducido sus partidas presupuestarias y se ha redactado una ampliación que ni siquiera ha sido aprobada por el Pleno municipal.

Esta situación de letargo se agrava aún más con la aparición de un nuevo elemento, el proyecto del tranvía de Belloch. Este medio de transporte supondrá un obstáculo y una hipoteca para los objetivos prioritarios del PICH. El paso del tranvía por la arteria principal del Casco Histórico, la avenida de Cesar Augusto, conllevaría un deterioro de la calidad de vida de sus habitantes y un freno a la revitalización y a la apertura del mismo al resto de la ciudad. Sus vías y las catenarias serán un muro insalvable para el progreso del distrito y su relanzamiento definitivo hacia el futuro.

El proyecto de tranvía choca frontalmente con el intento de potenciar las actividades comerciales en el centro histórico de Zaragoza. El Mercado Central será uno de los grandes perjudicados conjuntamente con todo el comercio de proximidad, ya que quedarán condicionadas sus tareas de carga y descarga, y el acceso de los clientes, con la consecuente disminución de las ventas. El Centro Histórico verá empeorada su movilidad, su accesibilidad y perderá comunicaciones con el resto de la ciudad, dado que por la Avenida de Cesar Augusto circulan siete líneas de TUZSA (28, 29, 34, 35, 36, 43 y 45) que comunican el distrito con los principales hospitales, la Universidad, centros comerciales, etc. Sin embargo, casi todas ellas dejarán de pasar por allí con la llegada del tranvía. Igualmente la escena urbana perderá calidad si se instalan las catenarias aéreas previstas en el anteproyecto. ¡Han pensado en el riesgo que supone el tranvía, para los cientos de invidentes que día a día transitan por sus calles dada la proximidad de la sede de la ONCE!

Así pues, queda claro que el proyecto del tranvía nunca ha tenido en cuenta al PICH y que el propio PICH no resistiría la implantación del tranvía. El propio documento, en su página 88, dice textualmente: “Existe en redacción un Plan Intermodal del Transporte de la ciudad que deberá tomar en consideración las características del Conjunto Histórico, a recoger en un planeamiento especial”. Por lo tanto, el proyecto de tranvía debería pasar por el Consejo Sectorial del PICH, para que sus miembros opinen sobre la idoneidad del trazado y su inclusión en el documento. No es lógico que el impacto que va a suponer el transcurrir del tranvía por el casco, no se tenga en cuenta en el documento que lo pretende proteger. Se debería por tanto emitir un informe sobre el paso del tranvía y sus posibles alternativas a este trazado.

Por consiguiente, pido al nuevo Equipo de Gobierno que escuche la voz de los vecinos del casco y que busque alternativas al trazado propuesto. El Alcalde de Zaragoza está obligado a preservar el centro histórico de la ciudad de todo tipo de agresiones que lo desvirtúen de su realidad social, cultural y comercial. Tiene el deber de escuchar a los zaragozanos y de asumir que la gran mayoría apuesta por una red de metro. El Alcalde tiene que recordar las miles y miles de firmas ciudadanas que exigieron la paralización inmediata del tranvía y el comienzo de un nuevo proceso de diálogo entre todas las fuerzas políticas y colectivos ciudadanos para consensuar un sistema de transporte colectivo que dé respuesta a las necesidades de la Zaragoza del millón de habitantes.

Juan Alberto Belloch debe abrir las vías de consenso para encontrar el modelo de transporte que necesita esta ciudad para los próximos treinta años. Esta Corporación no puede volver a pasar en blanco. Los próximos cuatro años deben ser el punto de partida a una nueva concepción del transporte público, mejorando de inmediato una red de autobuses urbanos que, por culpa de discusiones bizantinas, está empeorando cada día y no cubre las necesidades que han surgido como consecuencia del crecimiento policéntrico de Zaragoza. Si Belloch no actúa con sentido común y rectifica en su propósito de imponer una línea de tranvía que romperá el centro histórico, haré mías las palabras de una asociación de vecinos del casco histórico que aseveró de manera clara y contundente: “El equipo de Gobierno pondrá el tranvía, pero no pasará por el casco”.